Sobre Dani
Dani habla sobre el yoga para el agotamiento — cómo puede ayudarte a calmar el sistema nervioso, liberar tensiones y reconectar contigo mismo. Si te has estado sintiendo abrumado, exhausto o desconectado, este es el lugar perfecto para empezar.
Este video ha sido doblado utilizando herramientas de inteligencia artificial.
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Mi camino hacia una práctica de yoga más humana
Me llamo Dani Álvarez y soy profesor de yoga de España. No llegué al yoga a través de las tendencias de bienestar ni de ideales espirituales. Llegué porque algo dentro de mí estaba buscando—cuestionando, empujando, necesitando algo más que fuerza física.
Con los años, mi relación con el yoga se transformó por completo. Lo que comenzó como una disciplina exigente y física se convirtió poco a poco en una práctica sutil y profundamente humana, que ayuda a regular el sistema nervioso, liberar tensiones emocionales y recuperar el equilibrio interior.
Hoy enseño yoga a personas que se sienten cansadas, agotadas, ansiosas o simplemente abrumadas por la vida — y que necesitan un espacio para volver a respirar.
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De las artes marciales al yoga: cuando la fuerza no era suficiente
Antes del yoga, mi vida giraba en torno al deporte y las artes marciales. Me encantaban la disciplina, el esfuerzo y el desafío físico, pero siempre sentía que faltaba algo. Me atraía la espiritualidad, aunque aún no tuviera las palabras para nombrarla.
Mi primer encuentro con el yoga fue confuso y contradictorio: una parte de mí se sentía atraída, mientras que otra lo rechazaba por completo. Años más tarde, descubrir el trabajo de B.K.S. Iyengar lo cambió todo. Me di cuenta de que el yoga podía ser preciso, estructurado y exigente. Empecé a practicar en serio y sentí beneficios inmediatos: más claridad, más energía y un cuerpo que se recuperaba más rápido, incluso después de noches largas y períodos intensos de la vida.
Yoga Iyengar: disciplina, estructura y los límites del esfuerzo
El Yoga Iyengar se convirtió en mi base. Me formé profundamente, practiqué con intensidad y, con el tiempo, me convertí en profesor certificado. Esta etapa me aportó muchísimo: comprensión anatómica, precisión, disciplina y respeto por la estructura. Enseñaba con rigor y estándares altos, y muchas personas me recuerdan de esa época como exigente, incluso estricto.
Pero poco a poco algo empezó a no encajar. A pesar de practicar cada vez más, mi mundo interior no cambiaba como yo esperaba. Viejos hábitos, tensiones internas y patrones no resueltos seguían ahí. El yoga me sostenía, sí, pero no me transformaba de la manera que intuitivamente sabía que era posible.
El punto de inflexión: cuando todo cambió desde dentro
Todo cambió cuando conocí a Martine Le Chenic, una de las primeras alumnas occidentales de Iyengar. Asistí a uno de sus talleres casi por casualidad — y sin mucha motivación. Lo que ocurrió durante esos tres días cambió mi vida. Por primera vez, el yoga tocó algo profundo en mi interior. Surgieron emociones, mi cuerpo respondió de otra manera y sentí un movimiento interno que nunca antes había experimentado.
Ella vio algo en mí antes de que yo pudiera verlo y me animó a continuar por ese camino. Estudiar con ella en Francia confirmó lo que ya intuía: mi camino en el yoga debía incluir suavidad, conciencia interna y un profundo respeto por el sistema nervioso — no solo esfuerzo y forma.
Cómo enseño yoga hoy: menos fuerza, más inteligencia
Mi yoga actual sigue teniendo raíces en la estructura y la alineación, pero comienza desde el interior. Ya no creo que el cuerpo deba adaptarse a la postura a cualquier precio. Al contrario, la postura se adapta a la persona: a su anatomía, su nivel de estrés y su estado emocional.
Mi trabajo se centra en el sostén interno profundo, especialmente a través del bajo vientre y el suelo pélvico, la regulación de la respiración y una sutil presión interna en el cuerpo. Cuando esta organización interna está presente, el cuerpo se abre de forma natural.
Muchos alumnos se sorprenden al sentirse profundamente relajados y, al mismo tiempo, llenos de energía después de sesiones muy suaves. Este es el yoga en el que creo hoy: silencioso, preciso, nutritivo y profundamente humano.
Por qué creo en el yoga online (aunque antes me negaba a hacerlo)
Durante años me negué a enseñar online. Creía que el yoga necesitaba presencia física, contacto y respiración compartida. Luego llegó la pandemia — y fueron mis propios alumnos quienes me empujaron a probar. Lo que empezó como una necesidad se convirtió en una revelación.
Descubrí que el yoga online puede ser profundamente personal y eficaz cuando se enseña de forma adecuada. Trabajo con grupos pequeños, observo con atención y guío desde mi propia práctica corporal mientras enseño. Los alumnos practican en su propio espacio, ahorran tiempo y mantienen la constancia incluso en momentos difíciles de la vida.
Hoy veo la enseñanza online no como un compromiso, sino como una forma poderosa de llegar a quienes realmente necesitan este trabajo.
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