Conoce a Dani

No buscaba yoga, buscaba salir adelante

Hace unos diez años yo no estaba buscando yoga. Estaba simplemente intentando sostener mi vida como podía. A nivel personal y en el trabajo lo estaba pasando mal, me sentía perdida, sin mucha claridad y bastante desconectada de mí misma. Recuerdo que todo empezó de una forma muy casual: fui a depilarme y la chica me dijo que tenía que probar un centro de yoga que había cerca. Yo pensé: “no sé si estoy preparada para esto”, porque en ese momento ni siquiera entendía bien qué era el yoga. Pero algo dentro de mí me llevó a intentarlo. Fui, probé… y ya no salí. Sin darme cuenta, había dado el primer paso.

Me sentía desconectada de mí misma

En ese momento estaba tomando ansiolíticos y no me encontraba bien. Me ayudaban a sobrellevar el día, pero al mismo tiempo sentía que me alejaban de quien era realmente. Sobre todo por las noches, tenía una sensación muy fuerte de no ser yo, como si estuviera viviendo en automático, sin sentir de verdad. Era incómodo, incluso triste. Sabía que así no podía seguir, que algo tenía que cambiar, pero no tenía claro qué camino tomar. No era un proceso extremo visto desde fuera, pero para mí, en ese momento, sí era muy difícil y muy real.

Dani apareció en el momento justo

Cuando empecé yoga, conocí a Dani. Desde el principio sentí que no era un profesor más. Yo le conté cómo estaba, lo que me pasaba, cómo me sentía con la medicación… y él fue muy claro conmigo: “tienes que practicar”. No hubo promesas mágicas ni soluciones rápidas, solo una dirección muy sencilla pero muy potente. Pero más allá de eso, había algo en su forma de estar, de hablar, de guiar… esa calma, esa serenidad, esa seguridad que transmite sin necesidad de palabras complicadas. Te hace confiar en el proceso, incluso cuando tú no estás del todo segura.

El cambio vino con la práctica

Ahí empezó todo de verdad. Empecé a practicar todos los días, por la mañana y por la tarde, casi sin fallar. Fue la constancia lo que realmente marcó la diferencia. No fue un cambio de un día para otro, sino algo progresivo, casi silencioso. Poco a poco, y siempre con seguimiento médico, fui reduciendo la medicación hasta dejarla. El yoga no fue una solución mágica, fue un trabajo profundo. Muy físico, sí, pero sobre todo muy mental. Cuando empiezas a mirar hacia dentro, a sostenerte en el silencio, empiezan a salir cosas que llevaban mucho tiempo ahí, escondidas.

 

Cambió mi interior… y mi vida

Ese trabajo interior empezó a reflejarse fuera, en mi vida diaria, en mis relaciones. Empecé a poner límites, a decir “no” sin sentir culpa, a darme cuenta de qué relaciones no estaban en equilibrio. Algunas personas se fueron de mi vida, pero con el tiempo entendí que probablemente tenían que irse. Ya no encajaban con la persona en la que me estaba convirtiendo. Cuando tú cambias por dentro, todo cambia fuera. Empiezas a cuidarte más, a respetarte, a no aceptar cosas que antes aceptabas sin cuestionarlas.

Hoy vivo desde otro lugar

Hoy el yoga forma parte de mi vida completamente. No solo como práctica personal, sino también como profesión. Me convertí en profesora y lo he integrado en mi día a día, trabajando con niños, adolescentes y adultos. Sigo teniendo altibajos, como todo el mundo, pero ahora tengo una herramienta real a la que volver cuando lo necesito. Antes era mucho más controladora, necesitaba tener todo previsto. Ahora vivo más desde el sentir, desde el presente, desde lo que necesito en cada momento. No sé qué pasará en diez años… y, por primera vez, siento que no necesito saberlo.

Conoce a Dani

Si estás buscando algo más que una clase de yoga —un espacio donde realmente puedas reconectar contigo, entenderte y avanzar— Dani puede acompañarte en ese camino. Su forma de guiar va más allá de lo físico: combina experiencia, sensibilidad y una atención profunda a cada persona. No importa en qué punto estés, siempre hay un lugar para empezar.

Conoce a Dani